El Doctor Sajama guarda una serie de mitos y leyendas increíbles

El Doctor Sajama, es uno de los cerros mas misteriosos que se encuentra ubicado en el municipio de Curahuara de Carangas, del departamento de Oruro. El Doctor Sajama guarda una serie de leyendas y mitos que apasionan a los turistas nacionales e internacionales.

El mito del nevado Sajama, llamado tata (padre) o Doctor Sajama forma parte dela cordillera occidental de Los Andes, ubicado la provincia Sajama del Departamento de Oruro, Bolivia.

Es un mito que describe tanto las características de este personaje como su actividad productiva y relaciones sociales. El mito de Sajama es un saber local que expresa la actividad económica que rige la región, así como las cualidades que caracterizan la identidad de los sajameños.

EL CUENTO DEL DOCTOR SAJAMA

En el tiempo lejano  los abuelos habían nombrado al Sajama como Saxrjama (como un espíritu), por ser un gran cerro nevado. Saxrjama ha debido ser su nombre.

Pero antes  no pronunciaban bien y por eso  ahora ya solo se le dice Sajama.

Y luego los cerros  se habían reunido  para una fiesta, todos  los cerros sobresalientes, esos cerros que hay  en los valles, todos esos se habían reunido para hacer  una fiesta habían hecho una wilancha, habían compartido, bebido  todos los cerros  habían venido aquí, a compartir en Sajama todos los cerros había asistido  a esa fiesta y como en una fiesta siempre se elige a quien dar el pecho, a Sajama habían  elegido.

Pero el Doctor  Sajama se había emborrachado completamente y se había dormido  en la hora del almuerzo.  Se había quedado sin almorzar.

Esos cerros  de los valles se habían recibido el pecho de la llama  sacrificada.  Sajama no había recibido el pecho.  Había perdido embriagándose  se había dormido.

Los otros cerros nomás se comerían  el pecho  dividiéndolo en pedazos.  Él había despertado cuando ya había terminado de comer para el ya no había nada.  Solo habían esas patitas de llama, eso no más le habían dado.

Entonces él había dicho no importa va estar bien mis hijos  van a estar  bien con  esto, van a  estar viviendo con esto diciendo conforme nomás se había quedado.

Por eso pues aquí en Sajama hay ganado ahora solo es un pueblo de ganado.  Si él hubiera recibido el pecho, dice que Sajama hubiera sido un valle.  Si se hubiera recibido el pecho ahora estaríamos en un valle, valle hubiera sido Sajama.

El Doctor Sajama perdió de esa manera  Sabaya ha debido comer una segunda  parte del pecho. Por sus alrededores  hay tierra apta para cultivar.  Las chacras maduran en Sabaya.

Aquí la tierra no produce nada.  Solo el ganado se produce.  Todos esos cerros  de los valles  han debido  compartir el pecho  de la llama que se sacrificó ese día.  

Y por eso tenemos esa costumbre de repartirnos  el pecho.  Elegimos a las fiestas quien  dar la carne del pecho de la llama.  Este es el preste  decimos y lo elegimos a uno.  Ese  recibe esa carne y la reparte entre todos  los que estamos en la mesa.

Y por eso nos decimos eso que el Doctor  había perdido bebiendo.  Ahorita hubiéramos  estado en un valle  decimos.  Antes los abuelitos solían contarnos  así de esa manera es que Sajama no es un Valle.  Esta tierra  no produce ningún producto alimenticio por eso nosotros vivimos solo del ganado.

EL NIÑO Y EL DOCTOR SAJAMA

Chito junto a su ganado al pie del nevado Sajama Habitaba una vez un niño en el campo. El clima del lugar era frígido, el viento se escuchaba como si de una quena saliera un solo sonido, llamado naturaleza.

La paja brava era el ser viviente de la zona, aunque en determinados espacios, era compartido con yareta, wijiñas y pequeños riachuelos que aparecían en la nada y detrás del nevado Sajama.

A lontananza de su casa se observaba constantemente a grupos de salvajes vicuñas que correteaban sin cesar en medio de ese hábitat, jugando en pos de libertad.

Los padres del pequeño se dedicaban a la producción agrícola, era la única fuente de ingreso que tenía la familia. Cosechaban papa y cebada, semanalmente se ausentaban de su comunidad a fin de comercializar sus productos y una vez al mes llevaban algunas cabezas de ganado camélido a sus caseros.

Chito era el niño, en realidad era su nombre Francisco, pero sus padres le decían Panchito, sin embargo, cuando era más pequeño, él no podía decir Panchito, y solo decía Chito, motivo por el cual se quedó con ese denominativo.

Él se encargaba de llevar al ganado a pastear, alternaba entre las llamas y las ovejas. Asimismo se encargaba de guiarlos hasta unos riachuelos que están detrás del nevado Sajama, con la finalidad que sus animalitos aprovechen el agua del sector.

Un día, como acostumbraba siempre, fue al pie del nevado y mientras esperaba que su ganado sacie su sed, sintió que una gran sonrisa provenía del Sajama.

El niño se asustó porque no daba crédito a lo que miraban sus ojos, comenzó a silbar para mantener la calma. Entonces, el nevado le habló: "No te asustes hijo, quiero ser tu amigo, protegerte y enseñarte los secretos que los ancestros me enseñaron".

El pequeño lo contempló fijamente, y mientras la brisa golpeaba sus mejillas rajadas, puso atención a sus explicaciones. El miedo que sintió al principio se fue disipando como espuma en el agua, se quedó más tranquilo y a partir de ese momento nació una gran amistad entre ambos.

Es así que todas las mañanas se despertaba temprano para llevar el ganado hasta el riachuelo, pero su interés mayor era hablar con el nevado. Pasaban largas horas dialogando de la cultura milenaria, al mismo tiempo, el Sajama se encargaba de instruir a Chito en la elaboración de brebajes con plantas naturales para curar a la gente de su comunidad.

Con el paso de las jornadas, aprendió los secretos del campo y también cómo sanar a las personas utilizando los elementos de la naturaleza.

Un día de mucho frío, muy temprano escuchó que su mamá se quejaba de dolor y no había quien la atienda porque su padre se ausentó a la feria de una comunidad aledaña con la finalidad de comprar ganado y vender su producción.

La madre estaba desesperada porque el dolor la hacía padecer. No quería preocupar a Chito, quien aparentemente todavía dormía, sin embargo, el pequeño de diez años se dio cuenta rápidamente de lo que sucedía.

Sin que su mamá lo perciba se levantó ágilmente y salió corriendo de su pequeña choza rumbo al campo. Él sabía que planta necesitaba para curar el mal de su progenitora.

Recordó las enseñanzas que le dio el nevado Sajama, preparó el brebaje natural y le dio de beber a su madre. Pasaron unos minutos de esa acción, el pequeño hacía vigilia a los pies de la cama, esperando que calme el dolor.

Después de un corto tiempo, notó que su mamá comenzó a mejorar y se repuso. Ella se sorprendió por el cuidado que su hijo le hizo, pero más por la medicina que le había brindado.

Muy contenta lo abrazó, derramó algunas lágrimas de felicidad. Le preguntó de dónde aprendió esa preparación. Chito en medio de una gran sonrisa le respondió: "Me enseñó el doctor Sajama".

La madre no hizo más preguntas por considerar algo sagrado, pero a partir de ese momento, consideró que su hijo había sido elegido para seguir los pasos del doctor y curar a la comunidad de todos los males que se les iba a presentar.